Carnaval de Venecia

Recuerdo la segunda vez que pisé Venecia…

Sin explicar nada, sin decirte cuándo, Venecia siempre te llamará. Y eso hizo y por eso volví. Y por eso sé que volveré. Es algo de lo que no puedes escapar. Venecia, que encanta; que se disfraza en carnaval; que construye tempestades de acqua alta; que devora con sus guirnaldas de terciopelo, góndolas y turistas; que regala riquezas y momentos inolvidables. Venecia, tan imprevisible, te llama.

Venecia
( © Isabel Merino – IMvisible )

Fue durante el carnaval. Mi segunda vez, digo. Un carnaval de cuentos de hadas desplegado en escenarios fantásticos, con música de cámara, que resopla magia y esoterismo por todos sus costados. Un carnaval vestido con elegantes y ostentosos trajes de época y pelucas empolvadas. Un carnaval de personajes de comedia ocultos tras máscaras venecianas. Un carnaval, en fin, que resplandece en la plaza de San Marcos, donde se celebran festivales, concursos, pasacalles y cabalgatas. La serpentina es su alfombra y su techo. Un carnaval, como leí en alguna parte, con un anhelo universal: ser otro por unos días y así cabalgar entre la realidad y la ficción.

Durante la época de carnaval la nobleza aprovechaba las máscaras para salir al pueblo y mezclarse con sus gentes. Y el pueblo aparcaba su pobreza unos días, disfrutaba de un momento de diversión y se burlaba públicamente de la aristocracia. Y recuerdo el personaje de Casanova, que en el siglo s.VIII encarnó el espíritu de su tiempo y la alegría del carnaval. Aún puedo verlo por los tejados, huyendo de los maridos de las damas venecianas, de alta y baja alcurnia que suspiran por él.

Venecia
( © Isabel Merino – IMvisible )

En las esquinas se dejan retratar maniquíes de una época majestuosa. Tengo un balcón reservado junto a la Accademia, algo más allá del Peggy Guggenheim. Tiene vistas a la Salute. Allí, asomada a la ventana del Gran Canal se me vuelan las horas hasta que anochece. Cada minuto es una escena de colores deslumbrantes. Cada hora es una Venecia diferente y peculiar. Cada atardecer es un baile de góndolas que navegan hacia la luna. Se detienen frente a la plaza de San Marcos y allí, iluminadas por la redonda, se dispersan a lo largo y ancho  del Gran Canal.

Venecia
( © Isabel Merino – IMvisible )

En el puente de los Suspiros, suspiran los amantes y los turistas ajenos en su mayoría a los primigenios, que fueron lanzados por los presidiarios cuando se les echaba encima el peso de sus condenas. Apenas un pasillo hacia la muerte. Suspiraban al ver Venecia por última vez. Unas pequeñas cristaleras que iluminaban el interior del pequeño puente, (histórico por fuera, lamentable por dentro), les permitían despedirse del esplendor de la vida. Lo último que veían esos ojos antes de su último cierre. Pero… ¡qué vista tan hermosa!, suspiraban. ¡Adiós, Venecia, adiós!

Venecia
( © Isabel Merino – IMvisible )

La laguna se mueve al compás del viento, el sol ilumina el leve oleaje y las aguas parecen de plata. Las nubes, algodonadas, sobrevuelan La Salute y San Giorgio Maggiore, alcanzan el campanario y hacen resonar las campanas en un repiqueteo de oda a la belleza. No hay vistas mejores para degustar Venecia que desde ese campanario, amén del Campanile.

Me dirijo hacia el puente de Rialto, donde ríos de gente lo cruzan de lado a lado. Me pierdo por los laberintos de calles naranjas y ventanas color aceituna hasta llegar a mi destino. Venecia en Carnaval es como una manifestación del pueblo, todo el mundo está en la calle, camina hacia todos lados, se saluda sin conocerse, se mira, se reconoce, se ignora… Se sufre, en fin, cierta claustrofobia. Pero no es otra cosa que vida lo que allí fluye, un vaivén continuo de mascarados y desenmascarados. En carnaval todo somos Venecia, pienso.

Venecia
( © Isabel Merino – IMvisible )

La tradición manda disfrazarse y los turistas nos sumamos a la tradición, aunque apenas vestimos unas simples máscaras de plástico. La Bauta, la Moretta, las inspiradas en la Comedia dell’arte. Nos mezclamos, como un día hicieron los ricos y los pobres, en un perpetuo cuento de suplantación de identidades. Un anonimato liberador en el que por unos días todo es posible. Y recuerdo un juego de mesa en el que deambulaba por Venecia, disfrazada, con una misión en el bolsillo. Se llamaba Inkógnito, el juego, digo. Jamás pensé que ese tablero llegaría a estar bajo mis pies, que sus intrigas me rodearían, que mecería góndolas y que mi misión sería vivir al máximo esos días y recordarlos por siempre. Pero así fue.

Sobre los tejados amenaza la llegada de un gigante blanco. Se abre paso entre las aguas y atraca muy cerca del Lido. Sí, aún cabe más gente en los callejones y plazas venecianas. Turistas que apenas pasarán un día en los muelles, en la plaza de San Marcos, en los tenderetes de souvenirs. Turistas que subirán con máscaras de colores Made in China y colgantes de cristal de Murano. Turistas que celebrarán, lanzando al aire cohetes de alegría, que un día pisaron Venecia. Al amanecer, el gigante zarpará de nuevo rumbo al Adriático y otro, de iguales o mayores dimensiones, ocupará su lugar.

Venecia, acosada por el agua, afronta un futuro de incesantes avalanchas de turistas, sobre todo en carnaval. Su futuro es incierto, todo dependerá de la velocidad de su lento hundimiento en las aguas del Véneto.

Al otro lado del teléfono alguien me pregunta por el aura literaria que, como la niebla, se cuela escurridiza por los callejones de paredes desconchadas y envuelve en halo de misterio la ciudad de los canales. Como leí en alguna parte, los intentos de literaturización de Venecia son múltiples y todos han resultado exitosos.

Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas.

Henry Miller

Acompañada, en esta ocasión, por tres pares de ojos más, a los que dedico esta entrada, nos despedimos de Venecia y su carnaval a lomos de un vaporetto encantado, pues por donde pasaba, el agua nieve, a modo de guirnaldas y serpentinas, nos acompañó hasta puerto. Ciao Venecia!

Odiarás o amarás Venecia, pero seguro que no te dejará indiferente. 

El sueño es un vuelo, basta con tener verdaderas ganas de alcanzarlo. Yo lo hice en dos ocasiones y sé que volveré. Seguro que volveré.


Fechas de próximos carnavales en Venecia:

2019: Del 23 de febrero al 5 de marzo. (Aún estáis a tiempo de pillar vuelo)

2020, (15 al 25 de febrero); 2021 (6 al 16 de febrero) y 2022 (19 de febrero a 1 de marzo).

Isabel Merino González

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